La reflexión de Ana Paulino
Santiago 3.
8 pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. 9 Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. 10 De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. 11 ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? 12 Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.
Imagínense usar el mismo instrumento para bendecir y para maldecir, Debemos ser prudentes en nuestro hablar, la gente hace tanto daño con las palabras, las cuales salen disparadas como flechas y hieren el corazón de las personas y peor aun cuando estas son las más queridas o decimos amar como: esposo, esposa, hijos, madre o padre.
Dios Te Bendiga.
Notas relacionadas





