Una denuncia muy fuerte
Drogas, prostitución, alcohol, sexo desenfrenado ………………….
Por Reynaldo Hernández Rosa
Santo Domingo.- Luego que el grupo E. León Jiménez ¨¨apadrinara¨¨ una franja del litoral Sur, en las inmediaciones de sus instalaciones, cientos de residentes en las cercanías hacían uso de ese pulmón citadino como centro de recreación, descanso, meditación, dado la limpieza y la hermosura de su paisaje, invitando a observar las habilidades de decenas de pescadores así como la llegada a puertos de numerosas embarcaciones que esperan entrada a los mismos.
Empero, de unos meses a la fecha, la margen en cuestión es ¨¨tomada¨¨ por una ¨¨jevitada¨¨ burda, donde el desenfreno al consumo de drogas, todas caras, sin control de ninguna autoridad, convencidas éstas –las autoridades- que los protagonistas son los hijos de funcionarios millonarios, generales, empresarios lavadores, narcotraficantes, etc.
Lo que se vive en ese espacio en horas de la noche se puede comparar con un bacanal pestilente, donde jovencitas drogadas, hacen de todo, de todo, desde el amor con hombres y mujeres, al parecer en una competencia entre los presentes, los cuales dado su enormes recursos realizan todo tipo de ostentación para demostrar cual posee mas.
Con la llegada de esta capilla de ¨¨jevitos¨¨ sin dudas se incrementan las ventas de los negocios en el área, pero también llegan los vendedores de sustancias narcóticas, drogas de la buena, de la que pueden adquirir los vástagos de la clase rica, al extremo tal, que la misma es comercializada de manera abierta y franca.
No obstante, ahí no llegan la parafernalia de la DNCD, con todos sus alcahuetes y sus armas en ristres, al igual que los registros y orden de paro de las carpantas de la Policía Nacional, a sabiendas que se meterían en problemas si detienen a un hijo lacra de un general o funcionario, pese a que esté harto de cocaína.
Ojalá la Fiscalía del Distrito tome el caso de la margen del litoral Sur en el frente de las instalaciones E. León Jiménez, haciendo uso de sus atribuciones, hoy en manos de la entidad más desacreditada: La Policía.
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