La decepción de Amet, Que lamentable
Las cifras que viene dando las funcionarios de la Autoridad Metropolitana de Transporte, Amet, en materia de multas y contravenciones, sin dudas, evidencia el fiasco de la entidad oficial, que fue creada por decreto para regular, coordinar y corregir el caos en el transito vehicular, que en primer orden era solo en la ciudad capital, empero, dado el grosero efecto en materia de impuesto, el gobierno ha dispuesto que todas las provincias cuenten con el organismo, más que previsor, es un ente recaudador y abusivo.
La Amet, que hace años paso a ser un filón para sus directores, todos , sacrificados generales, que dado sus ¨¨conocimientos¨¨, no en materia de transporte, pero si en lisonjas y fieles adulócratas, como el actual incumbente, han logrado adelgazar sus penurias económicas.
Para los funcionarios de Amet, empezando por el comediógrafo y humorista de Relaciones Publicas, significa un éxito que la entidad de desorden rompa record con cientos de miles de multas al mes, cuando debería ser una afrenta, en el entendido que su misión es regular, capacitar, organizar el tránsito en calles y avenidas, no una entidad de recaudación.
Sin equivoco alguno, los recientes acontecimientos donde agentes de la Amet se han visto involucrado en balaceras, donde las victimas mortales han sido motoristas, al lado de la repulsa colectiva que se anida en los conductores y chóferes presagia que el epilogo del organismo represivo está cerca.
El avieso manejo dado a la dependencia oficial obliga a una seria reflexión, a sabiendas que esta, la Amet, era la ultima entidad con carácter militar-policial que gozaba de un poco de respeto, empero, los hechos de los últimos meses han socavado todo el esfuerzo de personas, que sí forjaron para que fuere un cuerpo de capacitación y ordenamiento.
-Ante los abominables hechos cometidos por muchos de sus efectivos, al igual que toda la cúpula militar y policial, urge una profunda profilaxis, de lo contrario, el derrotero y la indefensión seguirá drenando los cimientos de seguridad y responsabilidad de estos, hoy burdos estamentos.
Por Reynaldo Hernández Rosa
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