Oda pública a la Buenona del barrio
Sus pompas no son fúnebres, es el producto del manifestar de la carne mas soberbia. El pelo le va suelto, trota sobre la espalda tibia de sol, lleva una falda o jean ajustado , artilugios de la moda –bien descarados por cierto- dejando al descubierto la dimensión voluptuosa de una anatomía imán de las miradas y suplicio de las manos jubilosas de cometer el delito de tocar un cuerpo muy probablemente ajeno.
Apenas ha cumplido los 18, sus senos arqueados dan vida a una épica lasciva oda en la que todo hombre del barrio con su heterosexualidad a buen recaudo ha de participar. Ella es el tipo de ejemplar con las 5 herramientas necesarias para hacer perder el juicio a cualquiera, por ello no es mujer recomendable a los abogados.
Solo faltaría hablar de su voz, su personalidad, pero el autor de estas líneas no tendría el aval para ello ya que yo también le desconozco, sin embargo tú que lees sabes que me refiero a la Buenona del barrio. Y es que una de las etapas de iniciación del dominicano común y sin corriente es su contacto visual con una jeva reventada de buena, es esa mamota, ese cromo al que por las veleidades más imprudentes nuestras palabras de cortejo nunca le llegaron a puerto.
Ella permanece en nuestros recuerdos silente pero altiva con su piel de miel, canela o leche, pues las habrá indias, morenas o rubias. Difícilmente nuestros oídos hayan conocido el matiz de su voz, disfrutamos sufrir lo que no fue, pensando lo que pudo haber sido si, nuestros cuerpos se hubiesen encontrado. Labios en brazas con otros labios, manos autoras de la melodía que le da el son a la noche tras unas cuantos arpegios sacados a ese cuerpazo de guitarra, un deseo que viaja de pies a cabeza pues cada punto es digno a ser disfrutado en la calma y plenitud de un momento lento en el instante. Así nos queda en el caco la mental masturbación de darnos esa hembra.
La buenona del barrio, una imagen del más virtuoso erotismo perteneciente al arquetipo colectivo del hombre dominicano. Siempre fueron otras las manos andantes en su cuerpo, quizás un pelotero filmado quien al dársela hizo su liga en grande.
Quizás el capo de turno de flamante jeepeta Hummer se arrebató en esos confines de sensualidad psicodélica. En cuentas exactas no sabemos quien habrá sido el maldito que se la dio. Solo sabemos que no fuimos ni tú, a menos yo, por ello permanece en nuestros recuerdos, tangible en la memoria el más lujurioso episodio en la vida del hombre quisqueyano: la buenona del barrio.
Una era la paja inoportuna que arruinaba la sola y larga mirada que sostenía su cuerpo en mi horizonte pero muchas las que nos gratificaron a su nombre en esas noches de profunda soledad callada.
Por Aneudys Santos (Productor de contenido para medios)


Jajajajajajjaa!!! Barbaro!!!! Cuanto goze esta lectura. Me rememoraste mi infancia!!!! Jajajajajaja!
Esta muy buena ella, presentenmela..