¿Y Quién salva mi Quisqueya ?
Al parecer anda patas arriba este ensayo de República propiciado por unos tales trinitarios ya más de 140 años atrás. La luz verde no es garantía de paso a salvo, la imprudencia de quien se va en rojo es un infortunio que ya ha cobrado vidas. Los policías corruptos juzgan por su condición y es por ello que el sudor en la frente del hombre de trabajo es signo de sospecha mientras el delincuente a cancha abierta hace de las suyas despojándote de tus pertenencias. La población tiene miedo, un miedo que nos invade la piel hasta tocar la blanquecina textura de nuestros huesos y más allá: una osteoporosis social, pues más que desasosegados ante la figura del criminal, inseguros van nuestros pasos ante la certeza de sabernos indefensos.
En las calles, la gente come, pero qué ¿? Todo un catálogo de agentes patógenos que lo único que hacen es alimentar el corolario de enfermedades al asecho, siendo el caso más extremo un fresco jugo que bien nos puede matar a sangre fría.
La élite empresarial es indolente, no siente la mas mínima empatía por eso que conceptualmente llamaremos el dominicano común. No padece sus aflicciones y su indiferencia es tal que ya ni siquiera se dignan a vender una esperanza y así desesperanzados vivimos el miedo pues lo único capaz de vencerle era, es y será esa esperanza postergada.
Precoces conocen el milagro de la gestación nuestras muchachas, la luna liquida les deja de correr entre sus piernas y el abdomen da paso a un neonato a ser cogido pronto de pendejo por el Estado a través de todos los gobiernos que le toque vivir pues antes de tomar el primer sorbo de aire quisqueyano ya le toca saldar un destino de impuestas deudas: es el fisco partiendo la soga por el lado mas débil al tiempo que ve como van, vienen y se pasean sus saqueadores. Es toda una odisea conseguir empleo y mucho mas trabajo aun mantenerlo.
La clase media atisba la pobreza al doblar la cuadra, siente como el escuálido manto de la misma levita arraz de sus hombros derruidos de tantas crisis a cuestas, intranquilos duermen no por hacer causa común con los más desdichados sino porque trémulos avizoran el día en que puedan amanecer igualados a esa desconocida gleba.
Y así marcha Quisqueya, la crónica de 10 millones que ya han olvidado vivir al asecho de una mejor oportunidad para rehacer este sueño aun dormitado por el cadáver de un excelso bigotudo decimonónico de cuyo nombre ahora solo recuerdo las iniciales J.P.D. Chespirito a sus ya 80 y tantos años, se nos hace muy viejo para ponerse el traje de Chapulín y venir en nuestra defensa, entonces quien podrá defendernos ¿?
Por Aneudys Santos
Productor de contenido para medios
En Twitter @aneudys_santos




Es una realidad, no se cual es nuestro peor mal si la falta de autoridad o la falta de educacion en el hogar. Tal vez la carencia de ambas es lo que tiene a nuestra sociedad así. Corrupcion desde el Estado y nadie hace ni dice nada, los llamados a hacer cumplir las leyes son los principaeles violadores de las mismas.Al parecer la solución es destruir este pais y hacerlo nuevo.
y como vamos a llegar si en noticias como estas nadie comenta los dominicanos estan atento a la farandule y al morbo.